06 septiembre 2010

Todos tenemos un amigo contra ( o podemos serlo)

La vida de un contra no es nada fácil, eso puedo afirmarlo yo que de mis 22 años de vida llevo al menos diez ejerciendo, aunque sin matrícula, esta desdeñable profesión.
Aunque algunos dirán “no es nada difícil ser un contra, solo decís a todo que no” pero no es algo así de sencillo. Para ser un verdadero contra realmente hay que lograr comprometerse con la causa a la que uno va a defender y tratar siempre de que, por querer llevar la contra, nuestra coherencia interna no empiece a mellar. Si eso ocurriese en ese mismísimo instante ya no podremos ser una digna oposición de nada pues nuestro disfraz quedará al descubierto.
Otro grave problema del contra es que siempre encontrará más oposición que su archi enemigo el “aceptador”, el cual sin deseo de quemar energía con el movimiento neuronal o el riesgo de generar resquemores afirma todo lo que otro dice -también en ciertos casos es sólo para ocultar incompetencia-. El contra en cambio no esquivará nunca el conflicto, siempre intentará con todas las armas que dispone generar una discusión y en la medida de lo posible imponer su idea, no importa que para esto deba en el camino defender a Satán, Schwarzenegger o difamar a su madre.
El contra siempre será visto como un incitador, despreciado por sus amigos que no podrán verter una opinión sin ser rebatida…muchos contra llegaron a ser asesinados en manos de allegados por discutir de si el día esta nublado o templado o si el azul es azul o una construcción de nuestra imaginación.
Para lograr ejercer a nivel profesional, es fundamental una capacitación interdisciplinaria pocas veces vistas, uno necesita contar con conocimientos históricos, legales , políticos, filosóficos, artes marciales, física quántica, actuación , persuasión, gran cantidad de datos estadísticos de poca importancia –ejem: cantidad de gatos sin cola en la ciudad de Boston, Massachusetts en 1945- y una lista de 1000 tópicos más.
Así, a pesar de todo, el contra en lugar de ocupar en la sociedad el lugar que realmente merece, muchas veces es excluido, a veces por propia decisión ya que se oponen a la idoneidad de quien lo designa a ocupar cargos destacados. Si bien algunos contras han logrado ocupar cargos como jueces, políticos, periodista e incluso dictadores, la gran mayoría ocupa con agrado su posición de contra sin esperar reconocimiento, contentándose con generar peleas aisladas en bares y clubes sociales.
En la Argentina actual algunos contras reconocidos que podemos citar como ejemplo son Horacio Pagani, Elisa Carrio, Kirchner -y Señora-, Ricardo Fort, Mariano Giunta, entre otros.
Dentro de este punto es importante destacar que no sólo Argentina es el país con mayor número de psicólogos, sino que en sus pampas crecen los contra como la soja, aunque muchos ejercen la profesión part-time y sin matrícula como su escriba.
Igualmente y a pesar de todas las complicaciones y faltas de respeto con la que se lo puede injuriar, el contra logra una inmensa satisfacción al conseguir imponer su idea, no importa si logre convencer a alguien o no, lo importante para él es lograr no quedarse sin argumentos y hacer que el otro aunque sea, dude un poco y empiece a ver la realidad como el contra, ni en una punta ni en la otra, en el medio y de ser posible en el punto de tangencia. Así es el espíritu didáctico del contra y su fe por evangelizar a futuros camaradas para compartir la dicha de la confrontación, pues el contra discute a fin de cuentas por eso, por la felicidad de ver como los demás desean partirle la cabeza con el primer adoquín suelto que vean en la vereda.

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