06 septiembre 2010

¿Por que escribo?

¿Por qué escribo? Muchas veces me pregunto cuando me encuentro preocupado, casi atemorizado tal vez, al imaginar que lo que escribo no va a ser leído nunca por nadie. Supongo, como decía Sábato, que todo lo que hace el hombre lo hace por vanidad y aunque desee pensar que no, que existen mas loables intenciones dudo que realmente esto sea verdad.
Por más que siempre que termine de escribir algo lo aborrezca. porque lo reconozco insulso, en el fondo deseo que sea bueno y hasta un poco me convenzo de eso.
Pero ¿Por qué escribo? Es algo que no entiendo, desde chico siempre pensé que las palabras no eran lo mío, pero por alguna razón en los libros perdido entre ellas, me encuentro fascinado al punto de si me preguntan en uno de esos test psicológicos que objeto quisiera ser no hay duda que un libro.
Los libros son objetos maravillosos, pueden transportarnos a un sin fin de aventuras, provocarnos todas las sensaciones existentes, hasta pueden llevar a nuestro olfato a imaginar un olor o a descubrir el sabor de las frutas del otro lado del mundo, pero a diferencia del cine o la televisión las palabras están escritas a la espera de que el espíritu inquisidor de uno lo busque; el libro esta ahí esperándolo, tiene todos lo conocimientos que se desee pero dependen de que este dispuesto a ir por ellos, cualquiera puede leerlo pero para eso hay que estar preparado.
Yo soy un libro abierto para aquel que este dispuesto a leer através de las palabras confusas, las contradicciones, el enojo fácil, la tozudez y ese extraño intento de llevar todo a un plano seudo filosófico con el fin de transformar el arte de cambiar una bombilla en una ciencia propia de Einstein.
¿Por qué escribo? Simplemente para mostrarme que hay algo que siento que puedo hacer bien, para mostrar mis circunstancias y por que es más fácil decir lo que pienso cuando no tengo nadie enfrente que me confronte y así, sí poder pensar lo que digo y no desnudar mi idiotez ante cualquiera.
Supongo que en estos parrafazo estará la respuesta, ahora sólo falta sentarme a escribir y buscarme entre las palabras, encontrar el camino en el laberinto de mi propia confusión y quien sabe, si la fantasía de que de mi mente salga algo digno de ser leído logre algún día concretarse.

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