Afuera se escuchaba el ruido del viento soplar, nadie caminaba por la calle a causa del frío. Esa mañana había amanecido mucho más helado de lo normal y la salida de los primeros rayos del sol no habían logrado calentar las almas que transitaban hacia sus trabajos tiritando.
La pequeña habitación que hacia de cocina y comedor se encontraba iluminada por una ventana que daba a la acera y desde allí podía observarse el ir y venir de la gente en los días normales; una vieja y un tanto desquebrajada mesa, trataba de ocultarse bajo un gastado mantel acuadrillé rojo.
El olor a pan tostado y mate inundaba la casa de calle Libertad y la hornalla con la que se había calentado el agua casi hasta hervir, servía ahora para calentar el hogar.
Cada intervalo más o menos periódico el silencio era interrumpido por el sonido del mate al quedar ya vacío.
Sobre la mesa una copia del libro”1984”, que había sido terminado de leer la noche anterior, daba vueltas sobre el mantel al compás que un dedo caprichoso marcaba. Pero este movimiento no era consciente, o al menos no del todo, en su cabeza, aun atontada un poco por el sueño, se vivía un agitado debate por el contenido del libro en cuestión. Al cabo de un rato de pensamiento seguía con esa sensación de desazón que le había producido la noche anterior la novela.
Trataba de imaginarse a él viviendo en ese mundo tan opresivo y a la vez pensaba cuantas de esas cosas que tanto lo indignaban ocurrían en la realidad; todas esas personas que caminaban frenéticas por la calle hacia sus trabajos quizás, solo quizás fuesen manipuladas por un “gran hermano”, aunque estas fantasías de conspiraciones no lograban más que aumentar la migraña matinal y terminaba aceptando solo un control relativo pero no total con el fin de facilitar la sublimación de las masas.
A fin de cuentas no era algo tan difícil de creer, todos los gobernantes trataron de controlar la información y de controlar el presente…pues no hay otra verdad más grande que, “quien controle el presente, controlará el pasado y el futuro”, la historia, más allá de la vivida y que nuestra memoria puede recordar es susceptible de ser manipulada. La historia la escriben los que ganan, la letra de esa canción se repetía en su mente con un sentimiento de angustia que se anudaba en su garganta.
Recordaba la historia de Shih Huang Ti quien había unificado China y decidió autoproclamarse “primer emperador”, para esto, debía dar caza a la historia, quemando todos los escritos previos…; de esta historia siempre le regocijaba recordar que tras su muerte fueron los libros los que relatando los hechos del emperador tomaron venganza -también había empezado la construcción de la muralla China lo que daba otro punto cautivante-.
No podía evitar echar a reírse a carcajadas internamente cuando se encontraba así mismo pensando en emperadores chinos, gobiernos conspirando, una historia que no era más que el cuento de alguna pluma locuaz y esas cosas que una mente inquieta puede dibujar, como tratando de atar cabos entre la historia, la realidad y la fantasía.
Pero bueno al menos con esto podía ocupar su mente en algo un poco productivo, hacia años ya que la radio y la televisión sólo repetían lo mismo una y otra vez; a veces es mejor fantasear se decía como tratando de convencerse.
Pero y si tal vez fuese cierto, y poco a poco a nivel inconciente fuesen de manipulándonos, de “idiotizarnos”, hacernos vivir con un temor constante y por eso las noticias de ayer no fuesen tan diferentes a las de hoy… y si ya fuesen pocos los que pudieran ver esto, sería tarde para tratar de hacer algo o serían devorados una vez más por el sistema. Por un instante fugaz que logró presentir, por su cuerpo corrió un impulso revolucionario, una necesidad de sentirse libre, pero libre en serio.
Pero esta llama al instante se apagó en fin de cuentas el era solo un hombre y las noticias del futbol estaban por empezar. El libro detuvo su espiral marcha, con un enérgico salto se paró de la silla, apagó la hornalla y un escalofrío le recorrió la espalda: Al pasar junto a la mesa cogió de esta el libro, dio unos cuantos pasos hasta llegar al living y con cuidado lo colocó en una polvorosa repisa en el hueco que quedaba entre “Crónicas de una muerte anunciada” y la “Peste”… el televisor se encendió para dar paso a las voces de un grupo de periodistas que hablaban a los gritos de los mismos temas de las últimas semanas, dejándose caer sobre el gastado sillón que llevaba varias generaciones en la familia o bien podría haber sido adquirido de un ropavejero. Apretó su espalda contra el mullido respaldar y su rostro dibujó una sonrisa.
Mariano M.Giunta planeando una revolucion por ahi
21 julio 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario