Ya retornado de las vacacines veraniegas para su malestar vuelvo con los relatos. Desde ya muchas gracias.
Los siguientes hechos y/o personajes no son reales, cualquier similitud con la realidad es pura coincidencia
Hoy aquí frente al ordenador he decidido dar comienzo a mi anecdotario de viajes realizado en compañía de mi fiel amigo: Reputo.
Él y yo compartimos cierta afición hacia las travesías -y traviesas- y en unas vacaciones decidimos viajar a Trolo Rosa del Valle del Pepino.
Esta excursión era prometedora desde el vamos, y la emoción que generaba en mí era elevada, preparé mi bolso con cinco días de antelación, guardé las remeras apretadas y los pantalones blancos, los gorros de vaquero, una lechuga, el bronceador sabor chocolate y mi calzoncillo con trompita. Estaba todo listo para la gran aventura.
La emociones con Reputo, debo decir, nunca acaban y la verdad tampoco se sabe cuando empiezan. La noche del viaje quedamos en encontrarnos en la terminal, el colectivo saldría a las 22:45 hacia nuestro destino. A las 22 -por costumbre de llegar temprano a todo- ya me encontraba en la terminal dispuesto a subir a mi medio de locomoción, la ansiedad me comía los pies, este era el primer viaje que yo, Puto, realizaba solo con algún amigo.
Ya eran las 22:40 y ni rastro de Reputo por ningún lado, el sudor frío caía como una cascada por mi frente, que gran forma de empezar las vacaciones pensaba para mi adentro, junto con una serie de insultos que no vienen al caso.
22:44 ya subí con la idea de emprender un solitario viaje hacia el valle del Pepino un tanto molesto y otro preocupado por la integridad física de Puto -que si bien impuntual, nunca se perdonaría perder el dinero invertido en le pasaje-.
Unos minutos mas tarde ya acomodado en mi asiento y viendo como el micro estaba apunto de dejar la plataforma, mi acompañante, tal Hitchcock manteniendo el suspenso hasta el final, deja ver su cabellera subiendo la escalera que comunica los pisos del colectivo.
El alma me volvió al cuerpo, luego de unos instantes de histérico reproche, con unas vagas justificaciones, de esas que se dan cuando uno ya esta cansado y quiere evitar una discusión mayor, comenzamos una charla sobre lo que haríamos al llegar y planes de vida o cosas por el estilo que se hablan con los acompañantes de viajes largos y aburridos -aunque este seria una excepción-.
El colectivo tomó la ruta hacia nuestro destino, unas pocas horas después de la partida - no más de una y media o dos- el colectivo frena de forma misteriosa en una terminal desconocida. Reputo por su atareada llegada a la salida del bondi decide ir abajo y comprar algo de comer, no sin antes recibir el sabio consejo de un servidor, de que debía preguntar si esa era una parada de las que te dan unos minutos o sólo para que baje y suba gente -aunque por las dudas le di unos pesos para que traiga unos snacks-.
Cómodamente sentado esperé y esperé pero nadie subía -ni bajaba- ya me olió algo raro cuando el colectivo empezó a marchar.
Debo reconocer mi error de no ir rápidamente a avisar al conductor pues pensé que quizá estaría en el baño o abajo haciendo algo, pero no.
A los dos minutos el colectivo tomó la ruta, por lo que ya esperanzas no quedaban en mí, a lo que bajé a hablar con el chofer.
Golpee la puerta del conductor. Toc Toc.
-Ehh….hola, mire… disculpe. Ehh –balbuceaba- mira yo vine con un compañero y se bajó a comprar algo en la estación y no subió-.
-¡¡¿Cómo… que bajó?!!-reprochó el chofer
-Si bajó, no se le dije que preguntara -traté de excusarme.
-Y bueno, que se quede ahí y se tome el próximo colectivo -me dijo con enfado.
-¿NO se puede dar la vuelta?, disculpa pero es el primer viaje que hacemos solos y a mi me matan si les digo “a Reputo lo perdí en la primer parada”- medio que suplicaba.
La escenita se repitió entre suplicas cada vez más lamentables y un interlocutor cada vez más enojado hasta que el otro chofer que manejaba me dice ahí hay una estación, doy la vuelta.
Mientras le agradecía de corazón a mi “héroe” momentáneo, que estacionaba para virar, veo aparecer un auto blanco a todo marcha y en el a Reputo con una sonrisa de oreja a oreja.
Bajé del ómnibus para recibirlo -y evitar que el chofer que no quería volver a buscarlo se extendiera mucho mas del insulto que ya iba por “vos sos un pelotudo”- y volvimos a continuar nuestro epopéyico viaje que demandó 8 hs más, un cambio a otro colectivo de los llamados lechero -el que tomó uno ya sabrá por qué- y una espera en la terminal de Putolondia de casi 2 hs en un dia de 44º pero esas y otras historias quedarán para más adelante.
Puto 16 de Enero de 2009
Desde la humeda Rosario
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