Hace ya más de un mes, cuando todavía no cambiábamos de decena en el milenio y sin imaginar siquiera lo que el “destino” deparaba para mí, emprendí mi viaje con amigos, en principio hasta aquél país que limita con mi querida Argentina llamado Bolivia.
Sinceramente nunca hubiese sospechado las innumerables peripecias que la travesía latinoamericana con sí traería; y así, sin más, el 30 de Diciembre, abandonamos nuestras casas y a nuestras familias en vísperas de fiestas -y renunciamos al sin fin de platos típicos y la champagne que las pone mimosas (?)- y siguiendo el viento que va al norte izamos bandera de ilusión y miedos.
Hay!!..., pregunta difícil de responder es hoy el simple ¿Qué te gustó más? Por que la diversidad de los paisajes, de las cosas por hacer y a quienes conocer hacen imposible una cuantificación justa o cruelmente razonable.
Los días fuera se transformaron en semanas y sin darme cuenta en mes y a este también superaron. La llanura donde vivo -Santa Fe- poco a poco fue dando paso a la montaña milenaria, con ella vino la altura difícil de llevar a veces, 800, 1000, 1700, 2000, 2900, 3400, 4500, 5000 metros de altura, lentamente fuimos subiendo hasta poder caminar entre las nubes.
Como ya describí antes, atravesamos toda clase de paisajes y lugares, pudimos ver los grandes aciertos de la naturaleza y su fallas, -como equivocar la salida del sol en Purmamarca-; el tibio beso de las nubes a las puntas de las montañas, los murmullos -y en ocasiones gritos- de los ríos y arroyos que mojan los pies de estas, la flora y fauna que las decoran y así también la mano del hombre quitándole imponencia y tratando de domesticarla.
Pudimos ver el verde de la naturaleza y como este deja paso al seco desierto, sólo para volver, mucho más al norte, a mostrarnos vida. Seguimos la ruta, atravesamos montañas, llegamos a esas nubes que desde lejos nos maravillaban, contuvimos nuestro aliento una y mil veces ante la magnificencia de lo que nuestros ojos no bastaban para apreciar. Perdimos de perspectiva el horizonte confundiéndolo con sal o con agua, descrubimos que la inmensidad del océano también puede darse en la tierra, vimos sin ver nada, buscando algo en la inmensidad sin distinguir donde nacía el cielo y morían nuestros pasos.
Aprendimos muchas cosas, cosas que pueden contarse y otras que van por dentro, de mil maneras crecimos y de mil otras vimos cuanto nos falta por hacer.
Alcanzamos ver en el otro un amigo, por mas distinto que este sea a uno, comprendimos que cada ser es un mundo con cosas por conocer.
Descubrimos que tras las banderas difíciles de correr y las instituciones creadas, solamente hay personas y por las personas en sus venas corre sangre y la sangre es roja sin importar quien uno sea, de dónde venga, ni esas banalidades que en la vida “real” nos engañamos con sobrevalorarlas.
Dimos una mano sin ningún tipo de interés, sin esperar nada a cambio y como un gesto puede “mover montañas” o contener un río.
Con todo lo que la vida nos enseñó aun tuvimos tiempo para volar -por más que haya sido en helicóptero-, y desde arriba las montañas ver como al hombre le gusta más, pequeña y “conquistable”.
Nos impresionamos con la historia dejada en esta tierra, nuestra tierra, por los pueblos indígenas, los señores reales de estas latitudes. Y sin más dejamos de ver a América como el territorio descubierto por los Europeos si no como la civilización que debió sucumbir por el ego y ambición de los más “avanzados” que descubrieron la pólvora, la ropa , el pudor, la religión y no la compasión y el respeto o simplemente el verdadero deseo de “Civilizar” a una cultura que de forma distinta ya lo estaba.
Atravesamos un inmenso desierto capaz de desalentar a los corazones más valientes por parecer no tener fin. Recorrimos cientos de kilómetros llenos de valles, arena y bañado por las aguas del Pacifico. Vimos el mar aparecer como un espejismo inmenso en medio del desierto y a las ciudades como valles de cemento abrazados por la dorada arena, en lugares que si no fuese por el capricho del destino no serían más que la nada misma. Contemplamos con asombro, como cuando éramos niños pequeños, la puesta del sol sobre el mar para darnos cuenta de que mirábamos el otro perfil de esta tierra edénica.
Pero no todo fue rosa ni redescubrimiento personal, también hay cosas por mejorar como hermanos y ese es el respeto y cariño mutuo que muchas veces vimos dejado de lado, y pensamientos xenófobos y de superioridad emergieron, -por suerte a diferencia de lo que esperaba no fueron hacia este país, que bien se lo merecería por su idiosincrasia que llena a muchos con un odio infundado o nacido en estúpidos ataques de patriotismo de gente que no duda en decir que dejaría estas tierras en la primera oportunidad-, olvidando el sueño de nuestros padres libertadores, los que fueron en casi todo el continente los mismos, de hermandad entre los pueblos y respetando más al extranjero de fuera de esta gran isla que llamamos continente, a los cuales después decimos repudiar por el saqueo que hicieron y hacen a nuestras naciones, pero que mientras no tengamos verdaderos y profundos lazos de amistad, hermandad y –como postulaba la revolución francesa- fraternidad entre nuestros pueblos no lograremos ni veremos nuestros sueños de grandeza cumplirse.
Estos enfrentamientos tan superfluos muestran que nuestras alas de libertad, encarnadas en naciones libres aun están en pañales y que los foráneos consiguieron hacer de nosotros un pueblo con raíces comunes pero tan necios para no querer verlas, de querer sentir que no pertenecemos a este mundo menos “Civilizado” y que somos hijos de Europa, cuando en realidad esa patria nos expulsó hace mucho -o quizás la expulsamos hace mucho en busca de un sueño- . Es tiempo ya, 200 años después de ver que somos Americanos, aunque nuestro apellido sea italiano, español o francés, somos indios latinos y eso es algo por lo que estar orgullosos, somos un pueblo nuevo, hijos del nuevo mundo, pero que todavía sostiene en sus manos las cadenas de la opresión con miedo a romperlas definitivamente, con miedo a ver a los pueblos originarios como nuestros hermanos y de parecernos a ellos más que al hombre Occidental .
También me sorprendió el cariño y admiración que existe en todo el continente por un compatriota, el cual nunca ha sido santo de mi devoción total pero siempre he respetado, aunque no admirado, -esto último no lo hago por nadie- como es “El Che” Guevara -Rosarino y Canalla…me ganó el hincha-. Si bien no comparto en todo sus ideas y métodos, es admirable para mí una persona capaz de dar la vida por sus ideales y con una visión de América en algunos puntos muy interesantes –y Bolivarianas-.
Siempre he pensado, para concluir, que los viajes y lugares que uno visita son imposibles de repetir, por que para que fueran iguales necesitaríamos de las mismas personas que ayudaron a hacer esa escena que guardamos en nuestras retinas, y aun así, si ellas estuvieran, tampoco sería lo mismo por que nosotros ya con el paso del tiempo seremos otros -como siempre cito a Ortega y Gasset, que sigue manteniendo y hasta acrecentado su sabiduría con la frase “Yo soy yo y mis circunstancias” y las circunstancias son lo que el tiempo hace con nosotros-
Al final el viaje que llegaría a Bolivia, por suerte, también abarcó Perú y Chile, cada lugar que conocí, cada persona, tocó en mí algo, transformándome sin quererlo, afectándome, en formas que quizás aún no sé; conocí a alguna de las miles de facetas que América del Sur tiene para mostrar. En esta odisea me nacionalicé americano como canta Gilberto Gil “soy loco por ti, América”
Mariano M. Giunta, americano, argentino, rosarino y canalla
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naaaaaaa, qué entrada más grosa!!!
ResponderEliminarme la leí toda en dos minutiños jeje, y
qué lindo viaje pegaste,eh.
no me quedaría mucho por decir, solamente que me alegro que haya sido tan genial, y que hayas vivido todo lo que nombraste arriba, que por lo que sé, nunca está de más. además las fotolas mooy copadash! jajaja
suerte y más que suerte giunta.
gracias gretel igual no es por vanagloriarme pero creo q hay dos parrafos muy buenos el resto es todo sobra jaja :P eso me pasa por cortar deescribir cuando estoy inspirado...perdon aspirado...no no creo q era inspirado ^^ me fijo en el diccionario jaja ¬¬
ResponderEliminarExcelente texto, parece que el viaje te regaló un poco de aire fresco. Saludos!
ResponderEliminarcreo q voy a llorar. Gracias vince
ResponderEliminar¬¬
ResponderEliminarnoooo pare un poco!
gretel?
odio ese nombreeee!
así mismo, de nada ^^