19 diciembre 2008

Nueva semana, nueva trama.



En estos discurso semanales en donde invento o saco a la luz aspectos de mi psicología que parecía dormida -subconsciente- , creo que voy llegando a encontrar un poco de mi “esencia” a la hora de escribir -mal o bien eso no queda a mi juzgamiento-.
Esta semana y como el año esta llegando a su final me quedan 2 o 3 temas para hablar 1- el año que termina 2- lo cansado que estoy de estudiar 3-la navidad. Como el primero fue paupérrimo no vale la pena detallar – y en todo caso queda una semana más de año- y el segundo sería mentira por que no rendí nada y los últimos 4 meses no cursé y viví, tal maceta de jardín, tampoco me inspiraría, así que por ende queda la aburrida -y sobre todo en esta época cansadora- tercer opción: la navidad.
Si nos tomamos el tiempo de buscar en Internet un poco de su origen podremos observar que la navidad es la celebración cristiana del nacimiento del hijo de Dios, mesías, Jesús, etc. El día 25 de diciembre, fecha ficticia, debido a la inexistencia de registros que la validen, y a que antes de su afirmación, se reconocía como fecha aproximada el 20 de mayo -fue el papa Julio I quien a pedido del emperador romano, rectificó esta fecha- la cual gozaba de cierta repercusión en los siglos anteriores, debido a que coincidía oportunamente con una celebración pagana, que era básicamente la religión del imperio romano, en donde su politeísmo se basaba en los astros.
Luego de hablar del origen histórico de la fiesta, haré mención al símbolo de las mismas: papá Noel, santa Claus o como les guste. Se tiene como origen a San Nicolás de Bari, nacido en Turquía en el siglo II, y obispo de Mira -Grecia- sucediendo a su tío, de joven Nicolás vivía con sus adinerados padres, hasta que una peste los mató, el joven repartió todos sus bienes entre los más pobres y fue a vivir con su tío. Las historias dicen que quería especialmente a los niños y, se relata -por lo que se lo une a la entrega de regalos- que habiendo tomado constancia de 3 muchachas condenadas a la soltería, por su padre no poder disponer del dinero que se necesitaba para entregarlas en casorio, el sacerdote entregó en forma secreta por las noches, colándose por la ventana el día que cada una llegaba a la mayoría de edad, una bolsa de oro. De estos relatos surge la historia de papá Noel que luego se fuera desvirtuando hasta la forma que Coca-Cola en el siglo XX nos impuso.
Terminando con el repaso histórico que espero lean y disfruten como yo al escribirlo, trataré de dar un cierre al asunto. Antes que nada quiero hablar de mi “archienemigo”, la versión yanqui de santa Claus, que por el “colonialismo” -o como los medios lo llaman, globalización- nos han impuestos. Ya estoy mas que cansado de festejar la llegada de alguien que con 38º usa ropa de invierno -pobres tíos, padres y cualquiera que se lo ponga- y para colmo de males viene en un trineo tirado por unos bichos con cuernos que andá a encontrarlos en la Argentina. Encima para colmo de males todos los canales se la pasan dando especiales navideños….y en todos nieva!!!! En mi puta vida vi nieve en Rosario… y encima como ya dije, mas que para nieve esta para arena en diciembre acá!!!!.
Luego de la fecha no hay mucho para acotar, ya la historia dice más de lo que yo pueda añadir. Así que lo único que me viene a la mente al pensar en esta fiesta en sí, esa reunión familiar que año a año se repite, año a año se repite -si….muy malo-. En esta cena vemos desfilar los mismos platos festivos -con algún nuevo invento-, el pionono el vitel tone y en algunos casos el tomate relleno o ensalada rusa, una vez hecha la digestión de los platos principales y acercándose las 12 llegan con el champagne y la sidra, los clásicos turrones, panes dulces, sobrecitos de maní con chocolate -una adicción que generó mi abuelo en este ser que se jacta de ser casi una persona- y garrapiñada y -costumbre criolla- el mantecol.
Otro clásico de estas reuniones son las anécdotas de los familiares, que como obviamente no las renuevan -dado que las guachas no se dejan modificar, quizás por su condición de hecho pasado-, a los 14 ya conocemos de memoria- y más si como en mi caso las fiestas son con un reducido número de personas y recordamos los penosos finales de sus cuentos de la colimba, o de donde gente guardaba plata que después nadie sabía y cosas por el estilo.
Mi mensaje para las fiestas es que espero que lo pasen con la gente que quieren o aprecien y viceversa, porque en fin la navidad en sus orígenes no era más que una fiesta de amor y reunión, hecho con el objeto de recordar la espera del nacimiento de un hijo, solo que este para el occidentalismo no era cualquier niño si no el eje de su fe. Y como debe ser en esas esperas no hay lugar mas que para el amor y la fraternidad- un mensaje muy rosa pero es el que debe darse-. No le den importancia a los tradicionalismos que nos han impuestos, si no hay un regalo material bajo el árbol -otro modismo norteño, pero no salteño- por que mientras haya amor bajo sus ramas, lo demás es solo decorativo.

Feliz navidad a todos



Siendo niños éramos agradecidos con los que nos llenaban los calcetines por Navidad. ¿Por qué no agradecíamos a Dios que llenara nuestros calcetines con nuestros pies?

Gilbert Keith Chesterton

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