Cuentan las historias, que en Rosario existe un pasaje que se mueve, este nunca suele mantener el mismo emplazamiento mucho tiempo seguido.
Hay quienes dicen haber entrado en este pasaje y que salieron en una zona completamente distinta de la ciudad, así es como muchos comentan estar paseando por las cercanías del parque Independencia y misteriosamente encontrarse en el barrio de Fisherton o en algún cabaret de Pichincha. Siempre hay que desconfiar de algunos relatos, que quizá sean solo coartadas, para evitar el papelón de ser descubierto frente a una casa de señoritas que “fuman” o en el bingo.
También hay algunas personas mayores que dicen que en este extraño pasaje hay una única casa, con un enorme jardín repleto de plantas un tanto exóticas.
Algunos han pasado su vida tratando de encontrar el pasaje y la misteriosa casa, sin darse cuenta que este los encontrará a ellos cuando menos lo esperen, quizás muchos lo hayan atravesado sin darse cuenta y llegado más rápido de lo normal a su casa, al trabajo o a la casa de alguna señorita.
En la década de los 50 un par de muchachos audaces se juntó con el fin el de crear un grupo para buscar la casa errante. Así estos muchachos recorrieron los diferentes barrios buscando en cada uno nuevos miembros que pudiesen aportar lugares, horarios y fechas en las que se afirmaban haber encontrado el pasaje.
Al cabo de 6 meses se tenían 5.897 lugares en donde la casa había estado, estos eran muy diversos e iban desde calles céntricas hasta las más alejadas de la vida urbana. Existían quienes -quizás en su afán de tomar protagonismo- decían que no solo ocupaba el lugar de otras calles, algunos afirmaban haberse topado con el pasaje al entrar a un bar, a un museo y hasta había quien afirmaba haberlo visto al levantar la tapa del inodoro de su casa. La mayoría de estas visiones fueron dejadas de lado por carecer de rigor científico – ah… cómo una calle va a tener puerta de entrada, decían unos-.
Lamentablemente esta organización pasó muy pronto al olvido, primero por los costos y demandas de tiempo para los recolectores de información y segundo, pero más importante, por la imposibilidad de hallar la calle en cuestión. Esto generó demasiado escepticismo hasta para los más apasionados del tema.
Hoy día la historia ha perdido difusión y ya no son muchos los jóvenes que la buscan, pero la calle sigue ahí esperando para ayudar a llegar a las personas apuradas a sus destinos, o para jugarle una broma a algún descuidado.
Yo lo he atravesado mucha veces para llegar a los cabaret de la forma mas sigilosa posible.
Mariano M. Giunta
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